jueves, 9 de diciembre de 2010

Fotografiando hadas

Me encantan los acrílicos sobre piel.



Las manos de un pintor, sus besos y olor.

Adoro escuchar su guitarra cuando me despierto. La acompaña una voz firme y apacible que entona una canción tradicional griega y da los buenos días. Me viene a la mente la imagen de una calma desacostumbrada, una sensación de sosiego parecida a la que sienten aquellos que llevan tiempo buscando algo y lo encuentran, para recordarles que siempre vendrán los primeros rayos de sol y que el ayer no importa, porque hay que desayunar.

Adoro su forma de mirarme desde la distancia, y la forma en que se perfilan sus labios a medida que me voy acercando.

Me ponen esos vaqueros que tan buen fondo le hacen, y cómo apoya la camara en sus manos para terminar presionando el botón de captura con su dedo.




Me encanta oirle decir "Ahhh... ¡sí!" cuando me hace fotos mientras yo le dedico mi mejor mirada. Se viste de humildad para decirme luego con simpleza: "Ésta eres tú".

Me encantó ser su lienzo por un breve instante. Me encantó.

Así que más os vale probarlo.





Valientes.